Descripción:
En un enclave único y estratégico resurge tímidamente en el
Ginardó como afrenta de colores, una construcción con matices dalinianos y pinceladas
Gaudinianas, pensadas y ejecutadas ésta vez por un mismo autor por más de una década.
En el subsuelo se hayan vestigios de poblados íberos quedando
al descubierto restos del recinto amunallado con más de dos milenios de historia.
Rodeada de frondosos bosques de vegetación alpina y elevada a más de
250 metros sobre el nivel del mar, el visitante divisa la ciudad condal en
un marco incomparable, que le hace evadir por unos momentos del mundanal ruido, y
cuando eleva su vista al horizonte, la simbiosis entre el azul del mediterráneo
y la masa forestal que la envuelve, le hace acrecentar los sentidos, es
entonces, cuando sorprendido por el leve murmullo de las cascadas de agua
y los repentinos cantos de los pájaros tropicales, el sosiego le
alcanza.
El olor de sus jardines son el de la hierba fresca y a menta cuando despunta el
alba, a pino blanco al mediodía y aroma de jazmín al atardecer. Los búhos se acercan en la noche para
divisar sus presas, los halcones surcan los alrededores planeando su maestría,
las golondrinas y gorriones beben en las pequeñas charcas, caballos pastan en su cercado contiguo a
la casa, y en las noches de verano el croar de los batracios te recuerdan que la rana pudo ser príncipe
algún día.
En las inmediaciones, las ruinas de las baterías de ésta, nuestra última guerra,
nos revelan que la orografía es lo suficientemente estratégica, para comprobar como
a lo largo de la historia, el domino de las cimas era la supervivencia ante los demás.
Con éste mismo sentir domina pues, con el sentido de la vista toda la ciudad, aprecia los matices
de sus aromas y deléitate con los susurros, que este entorno inunda hoy sólo para ti, y siente con tus
sentidos, el sentido de la paz, el verdadero sentido.